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Bertrand Russell, 1952

Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores…..

Richard Dawkins, 2003

La razón por la que la religión organizada merece hostilidad abierta es que, a diferencia de la creencia en la tetera deAn Iranian woman, dressed up as a victim of death by stoning, takes part in a protest in Brussels Russell, la religión es poderosa, influyente, exenta de impuestos y se la inculca sistemáticamente a niños que son demasiado pequeños como para defenderse. Nadie empuja a los niños a pasar sus años de formación memorizando libros locos sobre teteras. Las escuelas subvencionadas por el gobierno no excluyen a los niños cuyos padres prefieren teteras de forma equivocada. Los creyentes en las teteras no lapidan a los no creyentes en las teteras, a los apóstatas de las teteras y a los blasfemos de las teteras. Las madres no advierten a sus hijos en contra de casarse con infieles que creen en tres teteras en lugar de en una sola. La gente que echa primero la leche no da palos en las rodillas a los que echan primero el té.

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Permitidme que me presente. Soy un Psicólogo español, nacido en los años cincuenta en Madrid el día de su santo patrono (San Isidro) y que trabaja habitualmente con animales de experimentación (palomas). Vivo en Sevilla, ciudad que posee uno de los cosos taurinos más renombrados: la Real Maestranza de caballería.  Hace algún tiempo solía acudir a dicha plaza con ocasión de la feria de mi ciudad donde pude sentir la belleza plástica y la emoción de la lidia, así como contemplar  la sensibilidad estética de personas rudas y simples  de quien nadie hubiera sospechado el menor sentimiento estético.  No creo en los derechos de los animales, entre otras cosas porque el Derecho y la Ley son expresiones de reglas escritas que expresan una capacidad (la del lenguaje, la conducta gobernada por reglas…) que es genuina de nuestra especie.  Y carece de lógica  “colonizar” el ámbito de otras  con la habitual arrogancia de los humanos: ellos, los otros animales,  no reconocerían derechos a sus semejantes, por la sencilla razón de que su mundo es el mundo de las contingencias de reforzamiento y supervivencia. Un animal no humano ve al otro como posibilidad de supervivencia (depredador, comida…) o alguien con quien asociarse (simbiosis) o con quien hacer crecer la población de los propios genes (esa bendición de la evolución llamada sexo).  Por supuesto soy de los que piensan que es perfectamente legítimo y ético sacrificar a un animal de experimentación –aunque yo no lo haga- si de dicha investigación se colige un significativo avance en nuestro conocimiento del mundo que nos permita hacer de éste un lugar más habitable, erradicando enfermedades o promoviendo la salud humana. Que quieres que les diga…soy especista porque soy darwinista y conductista: no creo que naciera con ninguna misión ni fuera elegido para otra meta que la de sobrevivir y tratar de hacer crecer la población de mis genes….y para ello, siguiendo la lógica de todos los organismos, nada mejor que procurar la extensión y supervivencia de la propia especie (el altruismo interespecífico, no obstante, puede tener un alto significado adaptativo, dados los niveles de depredación del planeta alcanzados por el hombre). En mis relaciones con ellos, no me creo superior moralmente a los demás animales, con quienes comparto su misma lógica: ellos son para mi lo que yo para ellos, una ocasión para sobrevivir con más posibilidades.  Y aunque no escatimo sentimientos ni cariño con mis mascotas (zarita, willy, bimba como representantes de la Canis lupus familiaris y la gorda ejemplar de Felis silvestris catus) guardo mi amor de humano para las personas.

Con semejante bagaje, cincuentón, madrileño/sevillano, experimentador animal, y perteneciente a esa escasa minoría de españoles que ha acudido más de una vez a una corrida…y para colmo conductista….supongo que suponen ustedes que estaré en contra de la decisión tomada por el parlamento de Cataluña de prohibir en su ámbito territorial la fiesta de los toros.

Siento decepcionarles: me siento orgulloso de esa parte de España llamada Cataluña por la decisión adoptada por su parlamento, después de un debate ejemplar y ejemplarizante (a diferencia del bochornoso espectáculo insultante e intelectualmente plano que generalmente nos dan sus señorías en el parlamento nacional)

Los toros es una fiesta que puede llamarse hermosa…pero la belleza estética no justifica el poner en peligro una vida humana ni la crueldad infligida al toro. No por los derechos del toro, sino por la necesidad ética y moral (Kant dixit) de educar a las futuras generaciones en la sensibilidad ante el dolor ajeno, la muerte como espectáculo debería ir pasando a mejor vida. Se dice que el toro es cultura y es verdad: cultura arcaica, primitiva, ancestral….muy española. Un refinamiento de esas otrora nobles tradiciones como tirar cabras desde la torre de la iglesia, cortar las cabezas de desgraciados pollos previamente colgados de las patas de una cuerda,  lancear a un pobre toro perseguido a caballo o en 4×4 por el campo, encender antorchas en los cuernos del pacífico rumiante para hacerlo correr despavorido por las calles de la ciudad, tirar al mar una vaquilla desde el puerto mediterraneo…etc…etc…Prefiero que la cultura evolucione, que quieren que les diga, hacia unos parámetros más modernos, tolerantes, ecológicos, en donde la sensibilidad por el dolor de un simple perro abandonado a su suerte nos haga más humanos, más humanitarios. El amor a los animales no garantiza que su poseedor sea una persona cabal (sólo hay que ver la biografía de Hitler, uno de los primeros estadistas que dictaron leyes de defensa de los animales) pero el que se educa en la crueldad con las otras especies seguro que se desarrolla como un mal bicho (visitad el magnifico blog de GEVHA para encontrar evidencias científicas al respecto).

Finalmente no quiero sustraerme al debate identitario o nacionalista.  Para algunos (nacionalistas catalanes), Catalunya ha demostrado su superioridad moral ante la primitiva España. Para otros (el facherío cañí de siempre) los separatistas y radicales de Cataluña han prohibido los toros sólo para separarse aún mas del acerbo común de la indisoluble madre patria.

A los primeros les recomiendo que no vayan tan sobrados por la vida. Que está bien sentirse bien con uno mismo, tener altos niveles de autoestima pero que la soberbia grupal, el orgullo nacional, es el primer paso para el racismo y la xenofobia (¿recuerdan la idiotez bloguera del parlamentario catalán en relación a  los niños extremeños?). ¿Para cuando acabareis con esas otras tradiciones tan catalanas como poco edificantes como los   correbous, los bous embolats, y los capllaçats, tal como os pidió la plataforma Prou?. Finalmente sed inteligentes y no os creáis  ni pueblo elegido, ni el pueblo más laborioso, ni el más tolerante ni ese tipo de zarandajas…si sois más cultos y civilizados lo sois porque hace siglos que sois más ricos. Y eso se debe a muchas circunstancias históricas dentro de las que la propia idiosincrasia es efecto, no causa.

A los segundos, que quieren que les diga: estoy hasta los cojones de la España que sólo sabe poner los cojones como argumento. Si la patria con la que supuestamente tengo que identificarme es la que representan liberales como Esperanza Aguirre o señoritos como Javier Arenas…a uno le dan ganas de hacerse patriota finlandés, pues al menos mi nokia nunca me falla.  Soy español y no me gustan los toros, a los que considero un inculto espectáculo cruel. Soy español y no me conmueve la música militar, los tricornios, los pasodobles, Franco y tanto cura y tanto rezo.  Prefiero la España que ví a finales del siglo pasado en la playa de mangueta (Cádiz) en donde observé en directo la verdadera tolerancia y unión familiar: mientras la suegra preparaba la paella bajo una sombrilla con todo el ropaje propio de una suegra que se precie, su treintañera hija la ayudaba con su traje de pinche en pelota pikada (un minúsculo delantal por toda vestimenta) . Mientras se hacía el arroz, el marido de la señora jugaba con las raquetas portando un horroroso bañador meyba del tipo de los que usó Fraga en palomares cuando lo de la bomba atómica, mientras su yerno trataba de meterle un passing shot con la minga a la deriva de su despelote veraniego. ¡Eso si que es cultura patria señor Rajoy!, una tolerancia natural y genuinamente gaditana adobada de buenas dosis de cashondeo y un no tomarse a si mismos demasiado en serio. La misma de la Pepa gaditana de 1812, nuestra primera constitución democrática. Asi que déjense, mis queridos y rancios fachillas, de identificar a esta patria con los toros  como expresión máxima de la cultura nacional y vayan recordando más a esos otros antecedentes de liberalismo, cientifismo, respeto y ciudadanía…que también los hay. ¡Más Jovellanos, más Ramón y Cajal , más Unamuno  y menos Millan Astray!

El siguiente extracto está tomado de la novela “Híbridos”, tercera parte de la trilogía de ciencia ficción llamada “El paralaje Neanderthal” del escritor canadiense Robert Sawyer. En dicha trilogía se especula con la idea de los universos paralelos de la física cuántica, postulando que hace 40.000 años, se produjo el desdoblamiento de este universo. En dicho momento, en el universo que conocemos, la tierra, surgió la consciencia en el homo sapiens, mientras que en el otro universo, en la otra tierra, fueron los neandertales, la especie inteligente y viable. Por un accidente en un experimento cuántico, Ponter, un científico neandertal  es trasladado a nuestro mundo. Los neandertales han desarrollado una cultura racional, pacifista, ecológica y absolutamente atea. El siguiente fragmento es un diálogo entre una serie de científicos humanos y Ponter, acerca del origen de la religión. Lo curioso es que atribuye esto a dos fenómenos puramente conductuales: el poder del reforzamiento intermitente y de la conducta gobernada por reglas

Pasen y lean…buena ciencia ficción

-¿Sabe algo de psicología, Ponter? -preguntó Verónica, las manos a la espalda.

-Un poco. La estudié cuando aprendía informática en la Academia. Era … ¿cómo lo dirían ustedes? .. Algo que había que estudiar además de la inteligencia artificial.

-Una materia obligatoria -informó Mary.

-En los primeros cursos de psicología, los humanos de aquí estudian a B.F. Skinner -dijo Verónica.

Mary asintió; ella misma había seguido un curso de introducción a la psicología. -Conductismo, ¿verdad?

-Así es. Condicionamiento conductual; refuerzo y castigo.

-Como cuando se entrena a los perros -dijo Ponter.

-Exacto. -Verónica dejó de caminar-. Ahora, por favor, Mary, no diga nada. Quiero oír la respuesta de Ponter sin ninguna influencia suya.

Mary asintió.

-Muy bien, Ponter. ¿Recuerda sus estudios de psicología?

-No, en realidad no.

La joven pelirroja pareció decepcionada.

-Pero yo sí -dijo Hak, a través de su altavoz externo, con su voz masculina sintetizada-. O, más concretamente, tengo el equivalente a un libro de texto de psicología en mi memoria. Me ayuda a aconsejar a Ponter cuando está quedando como un idiota.

Ponter sonrió mansamente.

-Excelente -dijo Verónica-. Muy bien, ahí va la pregunta: ¿cuál es la mejor forma de inducir una conducta en una persona? No algo que uno quiera eliminar, sino algo que se quiera potenciar.

-La recompensa -dijo Hak.

-¡La recompensa, sí! Pero ¿qué clase de recompensa?

-Consistente.

Verónica puso cara de que algo increíblemente significativo acababa de tener lugar.

-Consistente -repitió, como si fuera la clave de todo-. ¿ Estás seguro? ¿ Estás absolutamente seguro?

-Sí -dijo Hak, y parecía más asombrado que nunca.

-Aquí no, ¿sabes? -explicó Verónica-. La recompensa consistente no es la mejor manera de inducir una conducta.

Mary frunció el ceño. Sin duda hubiese podido dar la respuesta correcta hacía tiempo, pero al cabo de tantos años no la recordaba. Por fortuna, el propio Ponter hizo la pregunta que Verónica estaba esperando.

-Bueno, ¿entonces cuál es la mejor forma de inducir una conducta en su especie?

-La recompensa intermitente -dijo Verónica, triunfante. Ponter arrugó la frente.

-¿Quiere decir recompensar a veces la conducta deseada y a veces no?

-¡Así es! ¡Exactamente!

-Pero eso no tiene sentido.

-Por supuesto que no -reconoció Verónica, sonriendo ampliamente-. Es una de las cosas más extrañas de la psicología del Horno sapiens. Pero es absolutamente cierta. El ejemplo clásico es el juego: si siempre ganamos en un juego, el juego se vuelve aburrido para nosotros. Pero si sólo ganamos en ocasiones, el juego puede volverse adictivo. O es como cuando los niños les lloriquean a sus padres «¡Cómprame este juguete!», «¡Déjame acostarme tarde!». Es la conducta que los padres más odian en sus hijos, pero los niños no pueden evitarlo … no porque el lloriqueo funcione siempre, sino porque funciona a veces. Lo imprevisible nos parece irresistible.

-Eso es una locura -dijo Ponter.

-Aquí no -repuso Verónica-. No por definición: la conducta de la mayoría nunca es una locura.

-Pero … pero tiene que ser irritante no poder predecir un resultado.

-Posiblemente -reconoció Verónica-. Pero, claro, no va con nosotros.

Mary estaba fascinada.

-Obviamente quiere llegar a algo, Verónica. ¿A qué?

-Todo lo que estamos haciendo en el Grupo de Investigación Neurocientífica gira en torno a la explicación de la experiencia religiosa clásica. Pero hay montones de creyentes que nunca han vivido una experiencia religiosa, y sin embargo siguen creyendo. Ésa es la laguna de nuestro trabajo, la pieza que falta en la explicación de por qué el Homo sapiens cree en Dios. Pero ésa es la respuesta, ¿ ve? Es la psicología del refuerzo, este detallito de cómo están programados nuestros cerebros, lo que nos hace tendentes a creer en Dios. Si realmente existiera un Dios, una especie racional esperaría una conducta racional y predecible de su parte. Pero no la tenemos. A veces, parece corno si Dios protegiera a cierta gente, y en otras ocasiones, deja que una monja se precipite por el hueco de un ascensor. No hay sentido ni lógica en ello, y por eso decimos …

Mary asintió y terminó el razonamiento por Verónica.

-Por eso decimos: «El Señor actúa de formas misteriosas.»

-¡Exacto! -exclamó Verónica-. Las oraciones no siempre tienen respuesta, pero la gente sigue rezando. Pero el pueblo de Ponter no tiene esa misma constitución. -Se volvió hacia el neandertal-. ¿Verdad?-

-No. Contestó Ponter. No necesito que Hak me diga que tengo que comportarme de una manera. Si el resultado no es predecible, si no puede discernirse una pauta, descartamos esa conducta por absurda.

-Pero nosotros no -dijo Verónica, frotándose las manos. Mary vio en su cara la misma expresión de «¡Portada de Science, allá voy!> que ella misma había tenido hacía años, cuando consiguió extraer el ADN de aquel espécimen de neandertal en Alemania. Verónica le sonrió a Ponter, luego a Mary.

Aunque no haya ninguna pauta, nos convencemos a nosotros mismos de que hay alguna lógica subyacente en todo ello. Por eso no nos inventamos sin más las historias sobre los dioses, sino que nos las creemos.

La Mary religiosa había pasado por completo a segundo plano; la científica que había en ella estaba viviendo su propia experiencia culminante_

-¿Está segura, Verónica? Porque si lo está …

-Oh, lo estoy. Lo estoy. Hay un famoso experimento … le enviaré por e-mail los detalles. Dos grupos de personas jugaban a un juego en una cuadrícula, por separado, sin que les hubieran explicado las reglas. Todos sabían por anticipado que conseguirían puntos por los buenos movimientos y ningún punto por los malos movimientos. Bien, a un grupo se le concedían puntos cada vez que marcaba el espacio situado en la esquina inferior derecha de la cuadrícula … y, naturalmente, después de varios movimientos, los jugadores comprendían de qué iba y podían ganar siempre la partida. Pero al segundo grupo de jugadores se le concedían los puntos aleatoriamente: conseguir puntos o no conseguirlos no tenía nada que ver con los movimientos. Esos jugadores también sacaron reglas que según ellos gobernaban el juego, y estaban convencidos de que siguiendo esas reglas les iría mejor.

-¿De veras? -dijo Ponter-. Yo perdería interés en el juego.

-Sin duda. -Verónica sonrió de oreja a oreja-. Pero a nosotros nos parece fascinante.

-O irritante -dijo Mary.

-¡Irritante, sí! Lo que significa que nos fastidiaría … porque no podemos aceptar sin más que no haya ningún plan subyacente. -Verónica miró a Ponter-. ¿Puedo probar otra cosa? Una vez más, Mary, si no le importa, no diga nada, por favor. Ponter, ¿sabe a qué me refiero cuando hablo de lanzar una moneda al aire?

Ponter no lo sabía, así que Verónica hizo una demostración con una moneda que se sacó del bolsillo de la bata.

Cuando Ponter asintió, indicando que comprendía, la delgada pelirroja continuó:

-Muy bien, si lanzo esta moneda veinte veces, y las veinte veces sale cara, ¿cuál es la probabilidad de que vuelva a salir cara al siguiente intento?

Ponter no vaciló. -Uno-a-uno.

-¡Exacto! O, como nosotros decimos, del cincuenta por ciento, ¿de acuerdo? Mitad y mitad.

Ponter asintió.

-Bien, Mary, estoy segura de que sabe que Ponter tiene toda la razón: no importa cuántas veces haya salido cara antes del nuevo lanzamiento, suponiendo que la moneda no esté desequilibrada. Las probabilidades de que vuelva a salir cara son siempre del cincuenta por ciento. Pero cuando les hago esta pregunta a los estudiantes de primero, la mayoría piensa que las probabilidades deben estar astronómicamente en contra de que vuelva a salir cara. En algún nivel fundamental, nuestros cerebros están preparados para imputar motivación a sucesos aleatorios. Por eso incluso aquellos que no viven el tipo de experiencia que hemos fabricado para usted, Mary, siguen viendo la mano de Dios en lo que en realidad no es más que el azar.

Una de las críticas más frecuentes que se hace al conductismo es la que se refiere a la osadía y simpleza con la que éste extrapola desde los datos del laboratorio a la vida real. Naturalmente, dicha crítica va acompañada de otra: los estudios de laboratorio no sirven para nada, dada su falta de validez ecológica o externa. Para nada sirve la evidencia de la enorme proporción de terapias y técnicas psicológicas eficaces que se fundamentan en los principios emanados de dichos trabajos. Para colmo, quienes así piensan, además de no aportar tales utilidades, suelen ser unos muy atrevidos extrapoladores de sus propios datos, afirmando, por ejemplo, que el hecho de que podamos “fotografiar” con relativa precisión el consumo de oxígeno de determinadas zonas cerebrales cuando el sujeto realiza una determinada tarea intelectual…nos permitirá explicar, en un breve espacio de tiempo, la conducta humana compleja como subproducto de los diferentes estados neurales. Las psicologías no conductistas, además,  suelen hacer un uso extensivo de las extrapolaciones metafóricas, ya sea ésta una metáfora de índole mecánico-informática o de naturaleza “espiritual”.

La base con la que un conductista extrapola de una especie a otra, y de un ambiente controlado a otro más general se basa en el carácter funcional de sus leyes. Desde que el físico y filósofo austriaco Ernst Mach (1838-1916) utilizara el concepto de “relación funcional” para desbaratar desde su empiriocriticismo los conceptos esencialistas y metafísicos de la teoría newtoniana (“la masa inercial no es una característica intrínseca de un móvil, sino una medida de su acoplamiento con el resto del universo”), se fue abriendo la doble idea de que: a) Explicar un fenómeno es ponerlo en relación con otro fenómeno que pertenezca al mismo campo o nivel de análisis, no “captar su esencia” y b) Esa es una tarea fundamentalmente empírica.

Pero volvamos a nuestro terreno, con dos ejemplos: 1) Una rata (sujeto experimental) presiona una palanca (respuesta) y así obtiene una bolita de comida (reforzador) siempre que realice su acción cuando la luz de la cámara experimental esté encendida (estímulo discriminativo). 2) Un niño (sujeto-perdón, participante- experimental) llora desconsoladamente  (respuesta) cada vez que viene a casa su abuela paterna (estímulo discriminativo) porque así suele conseguir que ésta le acabe comprando un regalo (reforzador). ¿Qué tienen en común ambas situaciones?. Esencialmente nada. Funcionalmente todo: En presencia de un estímulo (discriminativo) un organismo emite una respuesta que produce una consecuencia (reforzador) que hace que dicha acción se repita cada vez que el estímulo discriminativo se presenta. Y si mañana un alienígena o un robot mueve sus antenas sólo en presencia de cierta longitud de onda sonora porque sólo así consigue incrementar los niveles de helio de sus depósitos….más de lo mismo. Porque no buscamos las esencias de las cosas, podemos relacionar fenómenos muy diversos que se relacionan siguiendo la misma función. Y el comprobar o no si esto se cumple es una tarea empírica: cuando una rata o paloma se empeña en beber descomunales cantidades de agua a pesar de haber tenido acceso libre a la bebida (“polidipsia inducida por programa”) no está violando la Ley del Efecto (las leyes empíricas no se violan, se cumplen o no bajo determinadas circunstancias)  sino su reducción “esencialista” a un concepto externo: la de que el refuerzo implica homeostasis, reducción de la necesidad o del impulso, o alguna que otra interpretación “adaptativa”. De igual manera una versión funcional de la Ley del Efecto se cumple en un terrorista suicida, pero no así sus versiones esencialistas que presupongan la supervivencia del individuo como base explicativa (extraña al tipo de datos que quiere explicar).

Frente a lo que pensaban los críticos de mediados de los sesenta, que vieron siempre una circularidad viciosilla y una ausencia de explicación científica en este tipo de abordajes funcionales “ateóricos” (léase: no esencialistas), este tipo de proceder ha demostrado ser muy fecundo y a contribuido a auténticas colaboraciones interdisciplinares: la microeconomía, la etología ecológica y la psicología de corte conductual han debatido juntas problemas funcionalmente similares en el marco de las llamadas “Behavioral Economics” y “Behavioral Ecology”.

Hay, con todo, conductistas asilvestrados que no se enteran: aquellos que tratan de hacer una réplica morfológica, que no funcional, de las situaciones del laboratorio a la vida cotidiana. Semejante uso de la extrapolación por similitud formal y no funcional….es todo menos buen conductismo, tal como vemos en este irónico video:

Suele decirse que si un alumno fracasa, gran parte de culpa la tiene su profesor. Por el contrario,  cuando un estudiante triunfa suele atribuirse a él todo el mérito de sus logros, olvidándonos de su docente. El  “he aprobado” frente al “me han suspendido” de toda la vida. Naturalmente esta injusta asimetría es irreal: los buenos profesores suelen aumentar el número de buenos alumnos en la misma medida que los malos maestros contribuyen al fracaso escolar.

Además de lo anterior, conviene recordar que, para un analista de la conducta, todo comportamiento social implica un reforzamiento mediado por otra persona, o lo que es lo mismo, las dos partes que intervienen en la interacción se modelan y construyen mutuamente como organismos que actúan. Lo que hoy soy, después de treinta años de enseñanza universitaria, tengo claro que se lo debo en gran parte a mis alumnos. Ellos con su comportamiento en clase han sido también los moldeadores de mis habilidades y mis defectos.

Dado que me encuentro razonablemente satisfecho de mi rendimiento profesional como docente, tengo que darle las gracias a esas generaciones de alumnos de psicología que pasaron por mis aulas. Sin ellos, sin su reforzamiento (y castigo) no sería el profesor que soy.

Porque como le dice John Mahoney a Olympia Dukakis en la siguiente secuencia de “Hechizo de Luna”  (1987), cuando unos ojos te miran atentamente en clase, piensas en voz alta y tu mejor yo se ve reflejado en ellos.

Post Video: naturalmente he podido colocar esta secuencia de “Hechizo de Luna” gracias a la impagable ayuda de los mal llamados “piratas”. Encontrar “legalmente” esta película y poder descargar un trozo para ejemplificar una tesis en un blog es imposible. Hacerlo a través de una web que ofrece ver peliculas online es cuestión de minutos. Esta actividad que yo hago, en cualquier caso, beneficiaría (a modo de trailer) al propietario de la película. Pero éste debe estar ocioso disfrutando de su patrimonio o ansiosamente preocupado por el “robo” de éste por parte de otros. El muy imbécil ni siquiera es capaz de sacar sus propiedades desfasadas por internet a un precio razonable. Si alguien le quita lo que cree que es suyo se lo merece por parásito.

Una entrada como ésta no podré hacerla en el futuro debido a la Ley González Sinde…por lo que os animo a suscribir el manifiesto por la libertad en internet.

Algunos de nosotros, psicólogos del Aprendizaje,  nos dedicamos a enseñar a las palomas complicados  juegos de lógica en nuestro laboratorio, entrenándolas a pulsar botones y pantallas táctiles de ordenador…Y este video me ha hecho ver lo peligroso de nuestras investigaciones: todo esto acabará trayendo consecuencias. Están avisados…

Aquí os presento un fragmento de una conferencia de Richard Dawkins en la Universidad de California, en donde deja muy claro que el origen de la intolerancia, la violencia irracional contra el que piensa o se comporta diferente (dos formas de comportarse, por lo demás) , la segregación y el exterminio, reside en las irracionales ideas procedentes de la religión. Religiones que, naturalmente, se sentirán muy ofendidas con este tipo de declaraciones y solicitarán a las autoridades pertinentes las sanciones oportunas. ¡Qué suerte vivir en países en los que nos desembarazamos del integrismo que hizo de la norma basada en la fe, regla de obligado cumplimiento para todos, creyentes o no!. Pero hay que estar vigilantes, los Rouco, imanes y demás compañía no descansan…