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Archive for the ‘racionalidad y ciencia’ Category

Conferencia a cargo de José Mª Mateos, Ingeniero de Telecomunicaciones
Encuentro de difusión del pensamiento crítico en la sociedad
Ateneu de Barcelona (24-03-2012)
Organizado por ARP-SAPC (Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico)

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Bertrand Russell, 1952

Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores…..

Richard Dawkins, 2003

La razón por la que la religión organizada merece hostilidad abierta es que, a diferencia de la creencia en la tetera deAn Iranian woman, dressed up as a victim of death by stoning, takes part in a protest in Brussels Russell, la religión es poderosa, influyente, exenta de impuestos y se la inculca sistemáticamente a niños que son demasiado pequeños como para defenderse. Nadie empuja a los niños a pasar sus años de formación memorizando libros locos sobre teteras. Las escuelas subvencionadas por el gobierno no excluyen a los niños cuyos padres prefieren teteras de forma equivocada. Los creyentes en las teteras no lapidan a los no creyentes en las teteras, a los apóstatas de las teteras y a los blasfemos de las teteras. Las madres no advierten a sus hijos en contra de casarse con infieles que creen en tres teteras en lugar de en una sola. La gente que echa primero la leche no da palos en las rodillas a los que echan primero el té.

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El siguiente extracto está tomado de la novela “Híbridos”, tercera parte de la trilogía de ciencia ficción llamada “El paralaje Neanderthal” del escritor canadiense Robert Sawyer. En dicha trilogía se especula con la idea de los universos paralelos de la física cuántica, postulando que hace 40.000 años, se produjo el desdoblamiento de este universo. En dicho momento, en el universo que conocemos, la tierra, surgió la consciencia en el homo sapiens, mientras que en el otro universo, en la otra tierra, fueron los neandertales, la especie inteligente y viable. Por un accidente en un experimento cuántico, Ponter, un científico neandertal  es trasladado a nuestro mundo. Los neandertales han desarrollado una cultura racional, pacifista, ecológica y absolutamente atea. El siguiente fragmento es un diálogo entre una serie de científicos humanos y Ponter, acerca del origen de la religión. Lo curioso es que atribuye esto a dos fenómenos puramente conductuales: el poder del reforzamiento intermitente y de la conducta gobernada por reglas

Pasen y lean…buena ciencia ficción

-¿Sabe algo de psicología, Ponter? -preguntó Verónica, las manos a la espalda.

-Un poco. La estudié cuando aprendía informática en la Academia. Era … ¿cómo lo dirían ustedes? .. Algo que había que estudiar además de la inteligencia artificial.

-Una materia obligatoria -informó Mary.

-En los primeros cursos de psicología, los humanos de aquí estudian a B.F. Skinner -dijo Verónica.

Mary asintió; ella misma había seguido un curso de introducción a la psicología. -Conductismo, ¿verdad?

-Así es. Condicionamiento conductual; refuerzo y castigo.

-Como cuando se entrena a los perros -dijo Ponter.

-Exacto. -Verónica dejó de caminar-. Ahora, por favor, Mary, no diga nada. Quiero oír la respuesta de Ponter sin ninguna influencia suya.

Mary asintió.

-Muy bien, Ponter. ¿Recuerda sus estudios de psicología?

-No, en realidad no.

La joven pelirroja pareció decepcionada.

-Pero yo sí -dijo Hak, a través de su altavoz externo, con su voz masculina sintetizada-. O, más concretamente, tengo el equivalente a un libro de texto de psicología en mi memoria. Me ayuda a aconsejar a Ponter cuando está quedando como un idiota.

Ponter sonrió mansamente.

-Excelente -dijo Verónica-. Muy bien, ahí va la pregunta: ¿cuál es la mejor forma de inducir una conducta en una persona? No algo que uno quiera eliminar, sino algo que se quiera potenciar.

-La recompensa -dijo Hak.

-¡La recompensa, sí! Pero ¿qué clase de recompensa?

-Consistente.

Verónica puso cara de que algo increíblemente significativo acababa de tener lugar.

-Consistente -repitió, como si fuera la clave de todo-. ¿ Estás seguro? ¿ Estás absolutamente seguro?

-Sí -dijo Hak, y parecía más asombrado que nunca.

-Aquí no, ¿sabes? -explicó Verónica-. La recompensa consistente no es la mejor manera de inducir una conducta.

Mary frunció el ceño. Sin duda hubiese podido dar la respuesta correcta hacía tiempo, pero al cabo de tantos años no la recordaba. Por fortuna, el propio Ponter hizo la pregunta que Verónica estaba esperando.

-Bueno, ¿entonces cuál es la mejor forma de inducir una conducta en su especie?

-La recompensa intermitente -dijo Verónica, triunfante. Ponter arrugó la frente.

-¿Quiere decir recompensar a veces la conducta deseada y a veces no?

-¡Así es! ¡Exactamente!

-Pero eso no tiene sentido.

-Por supuesto que no -reconoció Verónica, sonriendo ampliamente-. Es una de las cosas más extrañas de la psicología del Horno sapiens. Pero es absolutamente cierta. El ejemplo clásico es el juego: si siempre ganamos en un juego, el juego se vuelve aburrido para nosotros. Pero si sólo ganamos en ocasiones, el juego puede volverse adictivo. O es como cuando los niños les lloriquean a sus padres «¡Cómprame este juguete!», «¡Déjame acostarme tarde!». Es la conducta que los padres más odian en sus hijos, pero los niños no pueden evitarlo … no porque el lloriqueo funcione siempre, sino porque funciona a veces. Lo imprevisible nos parece irresistible.

-Eso es una locura -dijo Ponter.

-Aquí no -repuso Verónica-. No por definición: la conducta de la mayoría nunca es una locura.

-Pero … pero tiene que ser irritante no poder predecir un resultado.

-Posiblemente -reconoció Verónica-. Pero, claro, no va con nosotros.

Mary estaba fascinada.

-Obviamente quiere llegar a algo, Verónica. ¿A qué?

-Todo lo que estamos haciendo en el Grupo de Investigación Neurocientífica gira en torno a la explicación de la experiencia religiosa clásica. Pero hay montones de creyentes que nunca han vivido una experiencia religiosa, y sin embargo siguen creyendo. Ésa es la laguna de nuestro trabajo, la pieza que falta en la explicación de por qué el Homo sapiens cree en Dios. Pero ésa es la respuesta, ¿ ve? Es la psicología del refuerzo, este detallito de cómo están programados nuestros cerebros, lo que nos hace tendentes a creer en Dios. Si realmente existiera un Dios, una especie racional esperaría una conducta racional y predecible de su parte. Pero no la tenemos. A veces, parece corno si Dios protegiera a cierta gente, y en otras ocasiones, deja que una monja se precipite por el hueco de un ascensor. No hay sentido ni lógica en ello, y por eso decimos …

Mary asintió y terminó el razonamiento por Verónica.

-Por eso decimos: «El Señor actúa de formas misteriosas.»

-¡Exacto! -exclamó Verónica-. Las oraciones no siempre tienen respuesta, pero la gente sigue rezando. Pero el pueblo de Ponter no tiene esa misma constitución. -Se volvió hacia el neandertal-. ¿Verdad?-

-No. Contestó Ponter. No necesito que Hak me diga que tengo que comportarme de una manera. Si el resultado no es predecible, si no puede discernirse una pauta, descartamos esa conducta por absurda.

-Pero nosotros no -dijo Verónica, frotándose las manos. Mary vio en su cara la misma expresión de «¡Portada de Science, allá voy!> que ella misma había tenido hacía años, cuando consiguió extraer el ADN de aquel espécimen de neandertal en Alemania. Verónica le sonrió a Ponter, luego a Mary.

Aunque no haya ninguna pauta, nos convencemos a nosotros mismos de que hay alguna lógica subyacente en todo ello. Por eso no nos inventamos sin más las historias sobre los dioses, sino que nos las creemos.

La Mary religiosa había pasado por completo a segundo plano; la científica que había en ella estaba viviendo su propia experiencia culminante_

-¿Está segura, Verónica? Porque si lo está …

-Oh, lo estoy. Lo estoy. Hay un famoso experimento … le enviaré por e-mail los detalles. Dos grupos de personas jugaban a un juego en una cuadrícula, por separado, sin que les hubieran explicado las reglas. Todos sabían por anticipado que conseguirían puntos por los buenos movimientos y ningún punto por los malos movimientos. Bien, a un grupo se le concedían puntos cada vez que marcaba el espacio situado en la esquina inferior derecha de la cuadrícula … y, naturalmente, después de varios movimientos, los jugadores comprendían de qué iba y podían ganar siempre la partida. Pero al segundo grupo de jugadores se le concedían los puntos aleatoriamente: conseguir puntos o no conseguirlos no tenía nada que ver con los movimientos. Esos jugadores también sacaron reglas que según ellos gobernaban el juego, y estaban convencidos de que siguiendo esas reglas les iría mejor.

-¿De veras? -dijo Ponter-. Yo perdería interés en el juego.

-Sin duda. -Verónica sonrió de oreja a oreja-. Pero a nosotros nos parece fascinante.

-O irritante -dijo Mary.

-¡Irritante, sí! Lo que significa que nos fastidiaría … porque no podemos aceptar sin más que no haya ningún plan subyacente. -Verónica miró a Ponter-. ¿Puedo probar otra cosa? Una vez más, Mary, si no le importa, no diga nada, por favor. Ponter, ¿sabe a qué me refiero cuando hablo de lanzar una moneda al aire?

Ponter no lo sabía, así que Verónica hizo una demostración con una moneda que se sacó del bolsillo de la bata.

Cuando Ponter asintió, indicando que comprendía, la delgada pelirroja continuó:

-Muy bien, si lanzo esta moneda veinte veces, y las veinte veces sale cara, ¿cuál es la probabilidad de que vuelva a salir cara al siguiente intento?

Ponter no vaciló. -Uno-a-uno.

-¡Exacto! O, como nosotros decimos, del cincuenta por ciento, ¿de acuerdo? Mitad y mitad.

Ponter asintió.

-Bien, Mary, estoy segura de que sabe que Ponter tiene toda la razón: no importa cuántas veces haya salido cara antes del nuevo lanzamiento, suponiendo que la moneda no esté desequilibrada. Las probabilidades de que vuelva a salir cara son siempre del cincuenta por ciento. Pero cuando les hago esta pregunta a los estudiantes de primero, la mayoría piensa que las probabilidades deben estar astronómicamente en contra de que vuelva a salir cara. En algún nivel fundamental, nuestros cerebros están preparados para imputar motivación a sucesos aleatorios. Por eso incluso aquellos que no viven el tipo de experiencia que hemos fabricado para usted, Mary, siguen viendo la mano de Dios en lo que en realidad no es más que el azar.

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Aquí os presento un fragmento de una conferencia de Richard Dawkins en la Universidad de California, en donde deja muy claro que el origen de la intolerancia, la violencia irracional contra el que piensa o se comporta diferente (dos formas de comportarse, por lo demás) , la segregación y el exterminio, reside en las irracionales ideas procedentes de la religión. Religiones que, naturalmente, se sentirán muy ofendidas con este tipo de declaraciones y solicitarán a las autoridades pertinentes las sanciones oportunas. ¡Qué suerte vivir en países en los que nos desembarazamos del integrismo que hizo de la norma basada en la fe, regla de obligado cumplimiento para todos, creyentes o no!. Pero hay que estar vigilantes, los Rouco, imanes y demás compañía no descansan…

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Una muy clara presentación de la esencia del trabajo de B.F. Skinner que llevaba mucho tiempo con ganas de subtitular…hasta que he tenido tiempo. Lo presenta Murray Sidman, el “padre” de la evitación de operante libre y de las clases de equivalencia. Que ustedes lo disfruten…

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croquet-gameHace ya cuarenta veranos yo acababa de terminar el bachillerato y aprobar el examen de ingreso en la Universidad. Aquel estío me lo pasé jugando con mis hermanos y mis padres, por las noches,  interminables partidas de cróquet, ese endiablado juego británico en que se golpea unas bolas con unos mazos para recorrer un recorrido bajo 10 aros. Las partidas, por parejas, lograban enemistades de hasta dos días de silencio total, tal era el rencor que despertaba ese competitivo juego, en el que destrozar la estrategia enemiga es casi más importante que la habilidad en dirigir las bolas. Y mirábamos al cielo. Y vimos, pero, sobre todo, oímos  un aerolito con su cola de fuego. Y mirábamos al cielo, más concretamente, a la luna. Porque para allá se encaminaban los astronautas del Apolo XI.

–         “ Niñoooossss…los astronautas en la tele”, gritaba mi madre, lo que lograba una inmediata estampida de mi hermano Eduardo y yo al salón para ver en el viejo televisor en blanco y negro las borrosas imágenes de la hazaña espacial  (mi pobre  hermana andaba secuestrada por unas analfabetas monjas en un campamento juvenil). Sólo la fascinación por la misión lunar logró la paz de la familia, que estuvo a punto de quebrarse varias veces gracias al odio croquero. moon

Como mucha gente de aquella época vivímos como nuestra la aventura de Amstrong, Aldrin y Collins dirigiéndose a aquella lejana meta. La primera temporada de Star Trek y 2001 una odisea en el espacio de Kubrick ya nos había hecho acólitos del espacio.  Por ello,  como muchos españoles madrugamos para ver sobre las 4 de la mañana como un tipo de Ohio plantaba sus pies en un entorno diferente al planeta en donde había nacido y evolucionado la especie a la que pertenecía. (PINCHA AQUÍ si deseas ver los devastadores efectos que aquel material tuvo en mi hermano)

Aquellas interminables noches veraniegas abrigaron un sueño. Un sueño en que el homo sapiens empleó aproximadamente 200.000 años, usando, sin embargo, el mismo órgano de pensar. Un órgano que le permitió alcanzar nuestro satélite, situado a 300.000 kilómetros de la tierra, apenas 70 años después de haber realizado su primer vuelo de apenas 80 metros de distancia.

El truco para lograrlo  se llama ciencia y el error recibe diversos nombres: fanatismo, religión, dogma, superstición, papanatismo, ocultismo, paraciencias….

El truco se llama también sueño colectivo. Hacer algo sencillamente porque era difícil hacerlo, en palabras de aquel presidente americano que no vivió para contarlo. Cómo fue difícil (e inútil) construir las pirámides de Egipto o las catedrales góticas. El error se llama decadencia, molicie, conformismo, aburguesamiento. El error es tener como único horizonte  el alimentarse, follar, divertirse  y descansar confortablemente después de haber hecho mucho dinero.

Y después bajamos de la Luna: el curso 1969-70, mi primer curso universitario, descubrí lo insoportable que era la vida en una mediocre dictadura cuartelera, lo malo que eran los Yankees, masacrando al pueblo vietnamita,  lo tendencioso que era el ABC, el miedo que daban los guardias cuando corrían detrás de ti como posesos ….bajar a la realidad próxima fue descubrir que estaba hecha unos zorros. Y que debíamos soñar con cambiarla.

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Feliz 2009

ano_darwin1

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