Mi jefe anda raro. Generalmente, cada mañana, cuando lo llevo a trabajar está eufórico y dicharachero, tratando de darme un curso acelerado de cómo administrar la economía doméstica de mi familia, una célula humana de cuatro miembros y con unos ingresos de apenas mil euros. Pero ahora creo que está deprimido. Quizás sea la señorita Isabel, o la señorita Andrea, que lo tienen muy estresado…quizás por eso viste hoy tan raro, tan desaliñado, tan poco señorial, tan vulgar…
- Matías, hoy llévame directamente a la fábrica, sin pasar por las oficinas…y quítate esa gorra hombre…
- Si, D. Jesús
Al llegar al polígono industrial, dirigí mi coche a la parcela 422 de la calle Competencia, en donde mi jefe tenía una de las partes propiamente productivas del negocio: una fábrica de tornillos de rosca invertida para lavadoras de tambor vertical. Allí, frente a la explanada, un centenar largo de hombres de diversa edad , complexión y estatura, pero indistinguibles a distancia debido al mono de trabajo, esperaban impacientes.
- Acompáñame Matías…
- Si D. Jesús, le digo mientras le abro la puerta del coche y me recoloco por enésima vez la gorra del uniforme. Avanzo tras sus pasos hasta ascender por unas escaleras metálicas que dan acceso a una plataforma también metálica y surcada por numerosos orificios, donde le esperan una serie de directivos y personal de acompañamiento, es decir, “pelotas”.
- Como saben ustedes, dice mi jefe dirigiéndose a sus obreros- atravesamos un periodo de crisis económica mundial. Corren malos tiempos, y tenemos que trabajar todos, codo con codo, para sacar adelante el negocio. Necesitamos de la voluntad, el espíritu de sacrificio y el trabajo conjunto de todos los miembros de esta empresa. Naturalmente tendremos que reducir nuestros ingresos…todos, el primero el que os habla. Pero si demostramos que somos capaces de trabajar unidos y sin conflictividad laboral, el gobierno nos dará una ayuda a fondo perdido que sacará esto adelante….Comp….añeros -y fue la primera vez que vi titubear a D. Jesús, en los ocho años largos que hacía desde que me contrató como su chófer – las reglas del juego han cambiado. La empresa es cosa de todos, de todos espero iniciativa, implicación y compromiso.
La perorata siguió durante unos veinte minutos más, primero con la arenga al populacho y más tarde en una reunión privada en las oficinas, en donde los representantes sindicales, junto con los pelotas, D. Jesús y yo mismo dábamos cuenta de unas cañas y un excelente jamón de pata negra. Un apretón de mano selló el espíritu de los nuevos tiempos.
- ¿Adonde vas, Matías?, llévame a casa de la señorita Andrea..hoy es miércoles, y los miércoles como en su apartamento, ¿acaso no lo recuerdas?.
- Las reglas han cambiado compañero Jesús. Los Miércoles Adela, mi ex mujer, no puede ir a recoger a los niños al colegio, así que vamos a ir a por ellos, los llevaremos al Burger King y luego a casa de los abuelos. Finalmente llamamos a Isabelita, la recogemos y nos vamos a casa de la compañera Andrea…y nos montamos una fiestecita los cuatro, que no hay nada mejor para los tiempos difíciles que corren que echar una cañita al aire…¡salud camarada!


