Las viejas teorías psicológicas conductistas de corte más periferialista decían que los organismos contamos el tiempo “llenándolo de conducta”. Así, según dichos enfoques, la rata que tenía que hacer una pausa entre dos respuestas sucesivas para obtener el premio, usaba la actividad de rascarse, o cualquier otra, para llenar ese tiempo vacío con éxito.Desde luego, todo organismo está, por el hecho de estar vivo, comportándose. Sólo los cadáveres no se comportan.
Viene esto a cuenta de la enorme función social que tiene el trabajo inútil: los humanos nos cargamos de trabajo, ponemos todo nuestro empeño en cosas absolutamente absurdas, buscamos con ahínco la perfección de la nadería, con tal de no estar a solas con nosotros mismos. Porque entonces, cuando la misma persona se convierte en hablante y oyente a la vez…comienzan las discusiones verbales de verdad. Y eso se pone de manifiesto especialmente durante las vacaciones. Una ex alumna me dijo estas navidades “no me he cogido vacaciones, bendita alienación”. Y es que somos implacables con nosotros. Conviene aprender a llevarse bien con uno mismo, no discutir ni armar broncas encubiertas, aceptarse, quererse. Pero no hay que olvidar que la conducta verbal encubierta tiene un origen público, como fruto de la interacción con otros. Por eso, la muy popular idea de que “hay que aprender a vivir sólo”, “a ser autónomos” o “a no depender de los demás”, falla, según mi punto de vista en lo fundamental: la aceptación del hecho de que no somos nadie que no haya sido construido por otros. El “yo soy yo y mis circunstancias” orteguiano podría traducirse por “yo soy como soy, yo soy yo, por los demás”. Esta es quizás la última barrera mentalista que nos queda por superar: la del hombre autónomo, la del ingenuo constructivista que cree orgulloso que el mundo sale de su interior, en lugar de reconocer que ha sido parido por el mundo.
Porque soy como soy gracias a la buena y mala gente con la que he vivido, gracias a mi familia, amigos, amantes y parejas, prefiero estar acompañado que solo. Por eso, en lugar de trabajar como un poseso empeñado en salvar el mundo, he preferido dedicarme a cualquier forma de interacción humana, entre las que ocupan un lugar destacado la fornicación y, si se dejan, amarlas. Por eso, mi querida niña….la alienación no es ninguna bendición. Para evitar enfrentarse sólo a los propios fantasmas nada como una buena compañía, o sea, un buen polvo trascendente.

