El filósofo Gilbert Ryle en su obra de 1949 El concepto de lo mental introdujo el siguiente e ilustrativo ejemplo de lo que el llamó el “error categorial” :
“A un extranjero que visita Oxford o Cambridge por primera vez, se le muestran los colleges, bibliotecas, campos de deportes, museos, departamentos científicos y oficinas administrativas. Pero luego pregunta: “¿Dónde está la Universidad? He visto dónde viven los miembros de los colleges, dónde trabaja el Registrador (Registrar), dónde hacen experimentos los científicos, pero aún no he visto la Universidad donde residen y trabajan sus miembros”
El problema para nuestro personaje es que identíficaba el concepto de “universidad” como si fuera un miembro más de la categoría, un lugar concreto, un edificio. Y la universidad no es un edificio concreto. Ni siquiera un conjunto de edificios. Es una institución. Los bedeles son parte de la universidad. Los profesores son parte de la universidad. Las publicaciones son parte de la universidad. Lo que un alumno aprende (los cambios que se producen en su conducta presente o futura como fruto de pertenecer a dicha institución) son parte de la universidad. Como “institución”, la universidad no es algo “material” aunque, desde luego, esté hecha de materia. ¿Que es lo que define a dicha institución?: sus fines. Podemos definir a la universidad como una institución donde se investiga y donde se confieren determinados grados académicos o titulaciones. Incluso puede existir una universidad a distancia, sin aulas ni clases presenciales.
Supongamos ahora que tratamos de explicar un comportamiento humano complejo, como por ejemplo “enamorarse”. Generalmente, entendemos el amor como un “sentimiento”, esto es, como un estado interno de nuestro organismo que a su vez es percibido (sentido) por el propio organismo. ¿Hacer el acto sexual frecuentemente con la misma persona es estar enamorado de ella?. ¿Hablar frecuentemente por el movil con la misma persona es estar enamorado de ella? ¿Tener a tope la dopamina cuando interaccionas con dicha persona es estar enamorado de ella? ¿Pensar continuamente en esa persona es estar enamorado de ella? ¿Imaginar, recordar, soñar con dicha persona es estar enamorado de ella?. Tomadas aisladamente, ninguna de esas conductas puede ser considerada como “el amor”. Existe el sexo sin amor, podemos hablar frecuentemente con un amigo o compañero de trabajo, podemos elevar nuestros niveles de dopamina en situaciones de stress o como fruto de determinadas drogas, podemos pensar continuamente en alguien simplemente porque de esa persona depende nuestro ascenso laboral, podemos imaginar, soñar y recordar a personas que no amamos. Cualquier persona común puede identificar eso que llamamos Amor y diferenciarlo de otros estados o sentimientos. Lo importante es que, para hacerlo, fueron enseñados a formar dicha categoría o concepto en base a ejemplos, situaciones (por ejemplo el cine) y el uso extensivo del lenguaje. El amor como construcción cultural que implica estados del organismo (sentimientos) comportamientos públicos y comportamientos privados (sentir, pensar, soñar, percibir, imaginar). Quien, como nuestro personaje, confunde el todo con las partes, cometerá un error categorial que, no por extendido, es un error de pura lógica:
“El amor es un sentimiento” es una reducción a los estados internos del sujeto.
“El amor es una cuestión de química” es el mismo error categorial anterior pero adobado de cientificismo biologizante (a quienes le queden dudas vean el magnifico comentario de David a éste post).
“El amor es reforzamiento sexual” es una reducción a una de las muchas manifestaciones conductuales (operantes) que constituyen dicho concepto…
Pero no solo el Amor. Los psicólogos hemos convertido en procesos, y, por ende, en asignaturas e incluso en lineas de investigación, conceptos que, como el Amor, no son objetos, sino categorías de objetos. “Pensar que los inmigrantes son la causa de todos nuestros males” no sólo supone emitir conducta verbal encubierta, implica también conducta verbal pública, evitar ciertos barrios, votar determinadas opciones políticas, acelerar el corazón ante una persona de otra raza… .
Pensamiento, lenguaje, memoria, percepción, atención, emoción, aprendizaje y todas esas arcanas palabras que constituyen los supuestos “procesos psicológicos”, son, como la universidad, no elementos materiales en que podamos descomponer el todo, sino formas de organización de nuestra conducta. Y claro, surgen los problemas: ¿La habituación es un proceso de aprendizaje o un proceso atencional? ¿El aprendizaje perceptivo es un proceso perceptivo o un proceso de aprendizaje? ¿La respuesta emocional condicionada es emoción o aprendizaje? etc..etc…
Y como decíamos con la universidad, lo que acaba definiendo dichas palabras…es su finalidad, su función, no su estatus físico o su ubicación. Para colmo, algunos creen que por estar en un lugar u otro, dichos procesos son de naturaleza “diferente” (ese error tan contumaz de diferenciar pensamiento de acción, o cognición de conducta)
Otro día hablaremos de “metas, finalidades y funciones”, pero podemos adelantar que, como Darwin, la solución no se encuentra en una concepción finalista y teleológica, sino en mirar al pasado que construyó dichas funciones y finalidades.


El peor error, es que la palabra categorial, no existe en el diccionario de la RAE
Por mucho que quieran, psicólogos, científicos, filosofos, psiquiatras, etc…. investigar y estudiar para dar una definición racional, nacimiento, desarrollo y fin de ese proceso (para los investigadores) y comportamiento humano (para los de a pie), nunca llegarán a nada categórico, por que cada sujeto es diferente y reaccionamos ante los mismos estímulos de distinta forma.
Para mí, cuando el amor te “toca”, vives muchas sensaciones que se pueden resumir en que te sientes feliz, te sientes vivo.
La habituación forma parte del ser humano, al fin y al cabo, ¿no somos animales de costumbres? Quizás dependa de nosotros, hacer de esa habituación un estado placentero, en el que el cariño, la confianza, la ternura, la comprensión, el bienestar de la otra persona, la imaginación, el factor sorpresa, la complicidad, los pequeños detalles, etc… la “condimenten”. También hay casos, en los que esa habituación no llega, deberíamos de preguntarles la fórmula, ahora que caigo
Al fin y al cabo supongo que todo se resume en subirte al tren cuando pasa por la estación de cada uno, aunque no sepas en que parada te tocará bajar.
Un saludo, de un romántico