- Pregunta: ¿Porque fracasa este niño en la clase?
- Respuesta: “porque no tiene motivación”.
- Re-pregunta: ¿Y como sabe usted que no tiene “motivación”?
- Re-respuesta: “¿Acaso no ves que no hace nada en clase?”.
El diálogo anterior es un ejemplo de una gilipollez heurística muy extendida: atribuir la causa del comportamiento de un sistema (sea un organismo, una máquina o una estructura teórica) a un adjetivo que no es mas que un reenunciado de ese mismo comportamiento que tratas de explicar.
Así, el enfermo “mental”, se comporta de manera extraña porque tiene una “enfermedad”, de cuya constatación empírica sólo tenemos el propio comportanmiento “anómalo” del sujeto. Una persona carece de “inteligencia emocional” porque desarrolla patrones de interacción social “inadecuados”, patrones que quedan “explicados” por la ausencia de “inteligencia emocional”…etc…etc…
Esa manía de volver a enunciar el problema con una “palabra síntesis” que se convierte en explicación, no es exclusiva de la psicología: ahora, los expertos en economía suelen apelar al “pánico del mercado” para explicar los comienzos de una recesión. Aunque el término “pánico” hace referencia a un fenómeno psicológico -que en último caso explicaría las decisiones de los individuos para tomar decisiones económicas- los economistas no pretenden reducir su explicación al nivel de análisis de la conducta de cada individuo (reduccionismo psicologista). Por el contrario, manteniéndose en su nivel de análisis -funcionamiento económico- simplemente tratan de ver como la mayor o menor cantidad de dinero en el sistema, afecta a la oferta/demanda de bienes y trabajo. Osea, el “pánico en el mercado” no se mueve en otra dimensión diferente a los mismos fenómenos que trata de explicar, aunque para que haya explicación será necesario “conectar” unos fenómenos con otros (”la mayor o menor oferta monetaria, la demanda de bienes o consumo, la demanda/oferta/produccion de bienes etc..). Para lograrlo, los economistas tratan de crear modelos o teorías, formalizadas matemáticamente, que sinteticen y predigan el comportamiento ciclíco de tales variables.
Por el contrario, cuando en psicología usamos términos como “motivación”, “inteligencia”, “depresión” etc…muchos insisten en irse a “otro nivel de análisis” diferente al de la propia conducta que tratamos de explicar. Para muchos psicólogos, una explicación psicológica no estaría completa hasta que no atribuyesemos la conducta a otros niveles diferentes al propio nivel de los fenómenos conductuales. Históricamente el “otro nivel” al que apelar para explicar la conducta ha sido “lo mental” o “lo neural”, de forma que ninguna “conexion” entre diferentes fenómenos conductuales sería una auténtica explicación. Paradojicamente, quienes asi razonan, pierden de inmediato el interés por la conducta, -el nivel propio en donde los psicólogos nos movemos como pez en el agua, alli donde podemos observar, medir y controlar nuestro objeto de estudio- mostrando, por el contrario, un obsesivo interés por esos universos inaccesibles de la mente y el cerebro. Por ello, cuando las teorías psicológicas tradicionales -herederas de la vieja ontología dualista de los dos mundos- empiezan a utilizar términos mentales o biológicos para “explicar” las conductas de los individuos, tradicionalmente lo que suelen hacen no es mas que caer en la circularidad viciosa: usan términos que no son mas que reenunciados metafóricos del fenómeno a explicar (”lo mental”) o términos biológicos que guardan una muy lejana, difusa y confusa relación con la conducta a interpretar. Y lo malo es que, en su interés por el otro mundo, apartan la mirada de la conducta, eso que, en último término, es nuestro dato, nuestro objeto de estudio, allí donde la sociedad demanda nuestra intervención. No es de extrañar que alos no conductistas, los diseños de los experimentos conductuales les parezcan complicados, difíciles y nuestras interpretaciones demasiados simples. Para los conductistas, por el contrario, los diseños de “ellos” así como su metodología nos parecen demasiado simples, demasiado light, y sus interpretaciones demasiado “imaginativas”. Dime a donde miras y te diré quien eres…


Los psicólogos conductuales también somos un poco “viciosos” cuando repetimos frecuentemente el error de no moldear como se deben las conductas de comprensión adecuada de cómo funciona la conducta, no tenemos paciencia y rápidamente nos ponemos a intentar adoctrinar y a “abrirles los ojos” con cuatro declaraciones verdaderas pero difíciles de aprehender para quien vive en el mentalismo, es decir, para casi todo el mundo. Claro, esto nos da una cierta imagen de prepotentes a pesar de que nuestras intenciones son buenas.
Creo que una buena forma de introducir a la peña en lo conductual, en que le tengan querencia a una forma más funcional de interpretar la vida, es aceptar inicialmente su lenguaje cognitivo para gradualmente reforzar las aproximaciones adecuadas.
En fin, qué te voy a contar que no sepas. Esta reflexión es más un recordatorio autoreforzante para mí mismo¡
Estoy muy de acuerdo con Yoriento, es más creo que no es siquiera necesario hacer notar que eres conductista, esto en determinados ámbitos puede ser un “suicidio” profesional o la autocondena al ostracismo.
Es mejor aprenderse el discurso dominante -lo que por otro lado es sencillísimo, ya que es de una simpleza extrema, a pesar de presentarse a si mismo como un dechado de complejidad y riqueza- y luego adaptarlo a nuestros objetivos.
Voy a poner un ejemplo: imaginaos que tenemos que trabajar con un grupo de personas para que aprendan a tratar con otras personas, mediadores sociales, por ejemplo… entonces podemos utilizar “la fuerza del grupo”, es decir la capacidad semi-mística del grupo par poner de manifiesto unos conocimientos, aptitudes, actitudes, patatín, patatán… que no tienen sus miembros por separado pero que está cuando se forma el grupo. Bueno, realmente lo que hacemos es reforzar diferencialmente algunas intervenciones, extinguir otras, moldear partiendo del repertorio existente en los participantes, instigar determinado tipo de intervenciones, inducir y reforzar determinado tipo de respuestas… ahora lo de la “fuerza del grupo” no me diréis que no es bonito y además deja a todo el mundo contento. “Pos bueno, pos fale, pos malegro, pos fuerza del grupo”. Pero al final esos individuos que componen el grupo se van a fijar en antecedentes, conducta y consecuentes y van a pasar de etiquetas si ese era mi objetivo. No es tan importante hacer declaraciones, la menos no en el ámbito extra-académico.
Ah, y enhorabuena por el blog, piko & pala. Está francamente bien.
mmmmmmmmmmmmmmmm
mi punto de vista es diferente , yo tam bien estoy en
desacuerdo con Yoriento por otra parte estoy deacuerdo
con Brusilov es cierto nunca deves de hacer mencion de
que si eres o no conductista, ni reflejarte ante una persona
por que en ves de ayurdarla te undes con ella, ahora
nosotros como psicologos tenemos que tener mas
paciencia de lo que imaginas y estamos para orientar y
saber motivar a las persona que acuden a nosotros tal y
como en su caso lo meniona Brusilov………………. el punto a
qui es que ” no esperes que el mundo te ofresca algo, mas
bien tu que le ofreces al mundo”.
[...] tan sólo con proponérnoslo, que todo depende de nuestra fuerza de voluntad y nuestra actitud (explicación circular que nos obliga a explicar a su vez qué hacer para tener más voluntad y mejor actitud), y que las [...]