
Una de las falsas ideas más extendidas acerca del conductismo es aquella que afirma que éste niega la existencia de los hechos mentales o internos, o al menos les presta poca consideración. Refresquemos pues un poco la “memoria histórica” al respecto:
El positivismo empírico de Watson
Si nos remontamos al origen del conductismo, a la obra de J.B. Watson, es posible que dicha afirmación no fuera del todo falsa, dado que su positivismo de corte comptiano negaba la posibilidad de tratar científicamente a aquellos hechos sobre los que no existiera la posibilidad de consenso entre observadores independientes.
El neopositivismo lógico del Conductismo Metodológico
El rechazo de Watson al mundo mental de la introspección se transmite posteriormente a neoconductistas como Hull y Tolman, aunque éstos participan de una nueva versión del positivismo (el neopositivismo) que les permitirá inferir supuestos .procesos internos (variables intermediarias o constructos hipotéticos) que se sitúan entre la variable independiente (el estímulo) y la dependiente (la respuesta). Es importante resaltar que, a diferencia de la psicología de la mente propuesta por Wundt, el “mundo mental” que se deriva de este “Conductismo Metodológico” es meramente de carácter inferencial, nunca directamente observado por introspección. Esta posición, aunque monista en lo ontológico, apoya de nuevo la metáfora de los dos mundos: el mundo directamente observado, los hechos de conducta, y el mundo interior, meramente inferido.
El conductismo metodológico de la psicología cognitiva y las neurociencias.
El legado metaconceptual del conductismo metodológico se traspasa sin demasiados retoques a la moderna psicología experimental de corte no conductista, haciendo posible el paso de la psicología como ciencia de la conducta a la ciencia dedicada a hacer inferencias de supuestos procesos no directamente abordables, de los que la Conducta es una mera manifestación. Dicha posición va inclinando la balanza progresivamente hacia el mundo de las inferencias (con el subsiguiente debilitamiento de la importancia de los hechos). De nuevo, al hablar del hombre, parece más importante realizar conjeturas elegantes de carácter “teórico” que comprobar hechos de forma sistemática.
El punto de vista mayoritario o del sentido común
Tanto la psicología no científica de carácter abiertamente mentalista, como la psicología popular, el neoconductismo metodológico, la moderna psicología cognitiva y los enfoques neurocognitivos, participan de la idea de que el comportamiento es el resultado de procesos internos del sujeto.. Ni que decir tiene, para este punto de vista mayoritario, tales procesos psicológicos internos, además de ser la causa de la conducta son, evidentemente, algo diferente a la mera conducta. Ni que decir tiene, el enfoque guarda un inmenso parecido con la explicación dualista cartesiana. Ni que decir tiene tal enfoque no somete a crítica ni cuestiona la manera en que llevamos enfocando el tema desde siglos. Paradójicamente ni aquellos que defienden explicaciones religiosas del comportamiento humano, ni aquellos materialistas mecanicistas que quieren reducir todo lo psicológico a meras “emanaciones cerebrales”, se encuentran incómodos con la idea de que el comportamiento de un sujeto se debe a procesos que ocurren en su interior y que son de naturaleza diferente al mero comportamiento: para los primeros tales procesos serán la actividad del alma, para los segundos del cerebro. Aunque ontológicamente la diferencia es importante (dualismo animista frente a monismo materialista) a nivel metodológico ambas posiciones comparten una lógica idéntica: explican la conducta como el subproducto de un proceso interno inobservable cuya existencia, sorprendentemente, se deduce exclusivamente de la propia conducta a la que trata de explicar.
Y llegaron los conductistas radicales…
Ya en 1945, en un simposium sobre operacionalismo, Skinner manifestó su disconformidad con la manera que el conductismo watsoniano y el metodológico abordaban la problemática de los hechos internos. De alguna forma, “el del 45” (como popularmente se conoció a dicho trabajo) puede considerarse el momento fundacional de una nueva forma de conductismo: el conductismo radical (puedes acceder a una versión traducida de dicho artículo AQUÍ). En la práctica, todos los que nos llamamos conductistas de forma no vergonzante, asumimos las posiciones básicas del conductismo radical skinneriano. Ciertamente, existen importantes diferencias entre el conductismo de Skinner, el interconductismo de Kantor y Ribes o el funcionalismo contextual de los Hayes, por citar solo algunas de las variedades conductistas que aun sobreviven (con gran estupor de aquellos que habían certificado nuestra defunción en los años setenta). Sin embargo, en los esencial todos los conductismos actualmente vigentes comparten un “nucleo básico” con relación al abordaje de los hechos internos.
El núcleo básico conceptual del conductismo actual
Desde la versión radical del conductismo skinneriano, todos los que hoy nos llamamos “conductistas” compartimos la siguiente posición en relación a los hechos internos:
1) No es razonable suponer que la capacidad o no de un observador externo para acceder a un hecho delimite la naturaleza del mismo. Por ello, lo razonable es presumir que los hechos internos que normalmente llamamos mentales, son de la misma naturaleza que los hechos públicos. Es decir, son diversas formas de conducta, accesibles o no a un sujeto diferente al que las realiza. Pensar, imaginar, emocionarse, tener sentimientos, recordar, percibir, atender, son verbos que expresan formas de comportarse en determinadas situaciones.
2) Dada la idéntica naturaleza de los hechos psicológicos internos y externos, lo lógico es asumir que siguen el mismo paquete de “leyes”, la misma “lógica de funcionamiento”.Dicha lógica es la de los hechos de la conducta y constituyen el objeto de estudio de la ciencia psicológica.
3) Los hechos internos (las conductas no públicas) no son la causa del comportamiento observable ni explican el porqué éste se emite en un momento determinado. Tanto los fragmentos del comportamiento internos como aquellos que resultan accesibles a otros organismos, pueden explicarse apelando a un pasado público común: la historia del sujeto en su interacción con el medio.
4) Las conductas de un mismo sujeto pueden interactuar con otras, haciendo que éstas sean más o menos probables. Por ejemplo: si metes las manos en el bolsillo y no encuentras las llaves de tu coche, eso aumenta la probabilidad de que empieces a emitir conductas de exploración por los sitios en los que normalmente las encontraste en el pasado. Por la misma razón, un hecho de conducta interno (una idea, un pensamiento) puede hacer más o menos probable una acción manifiesta del sujeto. En tales casos, tratar de indagar acerca de tales hechos internos resultará esencial. Eso no significa sin embargo, que la conducta interna o encubierta sea la explicación del comportamiento público del sujeto. Simétricamente, una acción manifiesta del sujeto puede “probabilizar” otra de carácter privado. En último extremo, en tales casos de interacciones entre conductas de un mismo sujeto, habrá que explicar tanto el comportamiento público como el privado en base a la historia pasada del sujeto en situaciones similares.
5) Toda conducta, sea observable o no por otros, se soporta sobre la base de procesos internos de naturaleza no conductual: la actividad interna del organismo, con especial énfasis en la actividad del sistema nervioso. Sin embargo, la actividad del sistema nervioso no es ni explica la conducta: no constituyendo el objeto de estudio de la psicología. Pretender explicar la actividad psicológica de un sujeto en base a las reacciones físico-químicas de su cerebro sería una forma de reduccionismo condenado al fracaso. La lógica, métodos de observación, principios y leyes del sistema nervioso son de naturaleza diferente a la lógica, métodos de observación y medida, principios y leyes relevantes aplicables al estudio de la conducta. El razonamiento es similar al que podemos establecer entre los niveles “biológico” y “subatómico”. No podemos pretender explicar los procesos biológicos con la lógica cuántica, aunque asumamos que, obviamente, los fenómenos biológicos están constituidos por materia formada por átomos.