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Una de las críticas más frecuentes que se hace al conductismo es la que se refiere a la osadía y simpleza con la que éste extrapola desde los datos del laboratorio a la vida real. Naturalmente, dicha crítica va acompañada de otra: los estudios de laboratorio no sirven para nada, dada su falta de validez ecológica o externa. Para nada sirve la evidencia de la enorme proporción de terapias y técnicas psicológicas eficaces que se fundamentan en los principios emanados de dichos trabajos. Para colmo, quienes así piensan, además de no aportar tales utilidades, suelen ser unos muy atrevidos extrapoladores de sus propios datos, afirmando, por ejemplo, que el hecho de que podamos “fotografiar” con relativa precisión el consumo de oxígeno de determinadas zonas cerebrales cuando el sujeto realiza una determinada tarea intelectual…nos permitirá explicar, en un breve espacio de tiempo, la conducta humana compleja como subproducto de los diferentes estados neurales. Las psicologías no conductistas, además,  suelen hacer un uso extensivo de las extrapolaciones metafóricas, ya sea ésta una metáfora de índole mecánico-informática o de naturaleza “espiritual”.

La base con la que un conductista extrapola de una especie a otra, y de un ambiente controlado a otro más general se basa en el carácter funcional de sus leyes. Desde que el físico y filósofo austriaco Ernst Mach (1838-1916) utilizara el concepto de “relación funcional” para desbaratar desde su empiriocriticismo los conceptos esencialistas y metafísicos de la teoría newtoniana (“la masa inercial no es una característica intrínseca de un móvil, sino una medida de su acoplamiento con el resto del universo”), se fue abriendo la doble idea de que: a) Explicar un fenómeno es ponerlo en relación con otro fenómeno que pertenezca al mismo campo o nivel de análisis, no “captar su esencia” y b) Esa es una tarea fundamentalmente empírica.

Pero volvamos a nuestro terreno, con dos ejemplos: 1) Una rata (sujeto experimental) presiona una palanca (respuesta) y así obtiene una bolita de comida (reforzador) siempre que realice su acción cuando la luz de la cámara experimental esté encendida (estímulo discriminativo). 2) Un niño (sujeto-perdón, participante- experimental) llora desconsoladamente  (respuesta) cada vez que viene a casa su abuela paterna (estímulo discriminativo) porque así suele conseguir que ésta le acabe comprando un regalo (reforzador). ¿Qué tienen en común ambas situaciones?. Esencialmente nada. Funcionalmente todo: En presencia de un estímulo (discriminativo) un organismo emite una respuesta que produce una consecuencia (reforzador) que hace que dicha acción se repita cada vez que el estímulo discriminativo se presenta. Y si mañana un alienígena o un robot mueve sus antenas sólo en presencia de cierta longitud de onda sonora porque sólo así consigue incrementar los niveles de helio de sus depósitos….más de lo mismo. Porque no buscamos las esencias de las cosas, podemos relacionar fenómenos muy diversos que se relacionan siguiendo la misma función. Y el comprobar o no si esto se cumple es una tarea empírica: cuando una rata o paloma se empeña en beber descomunales cantidades de agua a pesar de haber tenido acceso libre a la bebida (“polidipsia inducida por programa”) no está violando la Ley del Efecto (las leyes empíricas no se violan, se cumplen o no bajo determinadas circunstancias)  sino su reducción “esencialista” a un concepto externo: la de que el refuerzo implica homeostasis, reducción de la necesidad o del impulso, o alguna que otra interpretación “adaptativa”. De igual manera una versión funcional de la Ley del Efecto se cumple en un terrorista suicida, pero no así sus versiones esencialistas que presupongan la supervivencia del individuo como base explicativa (extraña al tipo de datos que quiere explicar).

Frente a lo que pensaban los críticos de mediados de los sesenta, que vieron siempre una circularidad viciosilla y una ausencia de explicación científica en este tipo de abordajes funcionales “ateóricos” (léase: no esencialistas), este tipo de proceder ha demostrado ser muy fecundo y a contribuido a auténticas colaboraciones interdisciplinares: la microeconomía, la etología ecológica y la psicología de corte conductual han debatido juntas problemas funcionalmente similares en el marco de las llamadas “Behavioral Economics” y “Behavioral Ecology”.

Hay, con todo, conductistas asilvestrados que no se enteran: aquellos que tratan de hacer una réplica morfológica, que no funcional, de las situaciones del laboratorio a la vida cotidiana. Semejante uso de la extrapolación por similitud formal y no funcional….es todo menos buen conductismo, tal como vemos en este irónico video:

Suele decirse que si un alumno fracasa, gran parte de culpa la tiene su profesor. Por el contrario,  cuando un estudiante triunfa suele atribuirse a él todo el mérito de sus logros, olvidándonos de su docente. El  “he aprobado” frente al “me han suspendido” de toda la vida. Naturalmente esta injusta asimetría es irreal: los buenos profesores suelen aumentar el número de buenos alumnos en la misma medida que los malos maestros contribuyen al fracaso escolar.

Además de lo anterior, conviene recordar que, para un analista de la conducta, todo comportamiento social implica un reforzamiento mediado por otra persona, o lo que es lo mismo, las dos partes que intervienen en la interacción se modelan y construyen mutuamente como organismos que actúan. Lo que hoy soy, después de treinta años de enseñanza universitaria, tengo claro que se lo debo en gran parte a mis alumnos. Ellos con su comportamiento en clase han sido también los moldeadores de mis habilidades y mis defectos.

Dado que me encuentro razonablemente satisfecho de mi rendimiento profesional como docente, tengo que darle las gracias a esas generaciones de alumnos de psicología que pasaron por mis aulas. Sin ellos, sin su reforzamiento (y castigo) no sería el profesor que soy.

Porque como le dice John Mahoney a Olympia Dukakis en la siguiente secuencia de “Hechizo de Luna”  (1987), cuando unos ojos te miran atentamente en clase, piensas en voz alta y tu mejor yo se ve reflejado en ellos.

Post Video: naturalmente he podido colocar esta secuencia de “Hechizo de Luna” gracias a la impagable ayuda de los mal llamados “piratas”. Encontrar “legalmente” esta película y poder descargar un trozo para ejemplificar una tesis en un blog es imposible. Hacerlo a través de una web que ofrece ver peliculas online es cuestión de minutos. Esta actividad que yo hago, en cualquier caso, beneficiaría (a modo de trailer) al propietario de la película. Pero éste debe estar ocioso disfrutando de su patrimonio o ansiosamente preocupado por el “robo” de éste por parte de otros. El muy imbécil ni siquiera es capaz de sacar sus propiedades desfasadas por internet a un precio razonable. Si alguien le quita lo que cree que es suyo se lo merece por parásito.

Una entrada como ésta no podré hacerla en el futuro debido a la Ley González Sinde…por lo que os animo a suscribir el manifiesto por la libertad en internet.

Algunos de nosotros, psicólogos del Aprendizaje,  nos dedicamos a enseñar a las palomas complicados  juegos de lógica en nuestro laboratorio, entrenándolas a pulsar botones y pantallas táctiles de ordenador…Y este video me ha hecho ver lo peligroso de nuestras investigaciones: todo esto acabará trayendo consecuencias. Están avisados…

Aquí os presento un fragmento de una conferencia de Richard Dawkins en la Universidad de California, en donde deja muy claro que el origen de la intolerancia, la violencia irracional contra el que piensa o se comporta diferente (dos formas de comportarse, por lo demás) , la segregación y el exterminio, reside en las irracionales ideas procedentes de la religión. Religiones que, naturalmente, se sentirán muy ofendidas con este tipo de declaraciones y solicitarán a las autoridades pertinentes las sanciones oportunas. ¡Qué suerte vivir en países en los que nos desembarazamos del integrismo que hizo de la norma basada en la fe, regla de obligado cumplimiento para todos, creyentes o no!. Pero hay que estar vigilantes, los Rouco, imanes y demás compañía no descansan…

Mi querida institución ha rectificado. El Consejo de Gobierno de la Universidad de Sevilla ha decidido este lunes en una reunión extraordinaria dejar sin efecto el artículo 20 de la ‘Normativa Reguladora de la Evaluación y Calificación de las Asignaturas’, según ha declarado el rector Joaquín Luque, ”para evitar malas interpretaciones”. En rueda de prensa, Luque explicó que esta decisión se produce para “reafirmar el compromiso de la Universidad de Sevilla con la recompensa al mérito y el esfuerzo, la reprobación de conductas fraudulentas y la alta valoración de la figura del profesor”.

La citada normativa, aprobada en Septiembre, pretendía “garantizar a todos los alumnos su derecho a terminar la prueba pese a que, durante su realización, sea pillado copiando por un profesor”.

Desgraciadamente pronto fuimos el hazmerreír de tirios y troyanos. Hasta la familia de un alumno de postgrado colombiano que trabaja becado en nuestro laboratorio llamó preocupada por donde había mandado a su vástago.

Es de sabios rectificar. El problema no es de mala interpretación de los medios de comunicación ni de la mala leche de ese profesorado minoritario “recalcitrantemente antisistema” .  Dado el principio de optimización y racionalidad económica que se le supone a tan sabia institución,  si las altas mentes pensantes del Alma Mater se pone a la tarea de redactar una prolija normativa al respecto que contemple todos los casos y garantice adecuadamente los derechos de los alumnos será porque:

1) Se presume que un número considerable de alumnos copian, dado que no se va a hacer la normativa para un número no representativo de ciudadanos.

2) Se supone que un respetable porcentaje de profesores sufren trastornos de la percepción tales como a) ilusiones ópticas que les hacen ver una chuleta donde solo había bosquejada una lírica loa a los desarrollos de la ciencia b) Alucinaciones auditivas que les hacen oir voces,  murmullos y siseos en los exámenes c) Alteraciones cognitivas que le hacen interpretar como  furtivas miradas con aviesas intenciones de plagio donde sólo había un cándido entrecruzar de tiernas miradas amatorias.

Llevo mas de 30 años impartiendo clases en la Hispalense. Y el último alumno que expulsé de un examen fué hace aproximadamente 27 años. Ello no se debe a mi miopía, pasotismo o candidez manifiesta. Se debe al simple hecho de que la mayoría de los estudiantes, si se les provee de unas condiciones de trabajo y aprendizaje adecuado no copian (por ejemplo poner dos tipos de examenes diferentes en la filas adyacentes…).

De donde deduzco que en las altas esferas de mi  Institución debe haber mucha gente ociosa, mucha aburridas almas entre nuestras autoridades académicas, a las que le sobra el tiempo y les motiva y refuerza en extremo el parir normativas, reglamentos, códigos y ordenanzas. El sueño de algunos burócratas leguleyos sería que cada profesor y/o alumno tuviese su normativa “personalizada”.

A fin de contribuir al solaz de tan insignes personas, pongo en su consideración la siguiente propuesta:

‘Normativa Reguladora de las condiciones bajo las que las autoridades académicas deberán, a pesar de su bonhomía y justas intenciones, presentar su dimisión irrevocable cuando de su conducta se colija un grave daño a la imagen de la Institución”

¡Ahora que se habían gastado el presupuesto de profesores ayudantes y becarios en campañas publicitarias por los autobuses urbanos..van y me hacen esta barrabasada de marketing! ¡Seguro que copiaron en los exámenes de lógica y sentido común!

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